El Tyrannosaurus-Rex y otros colosales dinosaurios mantuvieron a raya el proceso evolutivo de nuestros antepasados hasta su misteriosa extinción hace 465 millones de años. Fue entonces que los incipientes mamíferos de los que evolucionamos lograron salir de sus escondites y experimentar un proceso único. Por primera vez en la historia del universo conocido, una especie llegó a ser capaz de perpetuarse adaptando su entorno a sus necesidades, en lugar de mutar para adaptarse él.
Conforme las primeras sociedades humanas se especializaban en la adecuación del territorio aparecieron las primeras ciudades y con el tiempo trascendieron la imaginación y desafiaron los límites de la técnica. Desde Tenochtitlán hasta Constantinopla, las ciudades se consideraban el pináculo de la sociedad materializada y se inmortalizaron como protagonistas de la historia y la ficción. Fue gracias a 5000 años de migración hacia la ciudad y su consecuente mejora en la calidad de vida que se comenzó a hablar del “Progreso”; esa –ya no tan loca- idea renacentista que sugería la posibilidad de vivir mejor gracias al uso de la razón y el trabajo colectivo.
El término sería fuertemente tergiversado en 1908, cuando con el afán de vender su último invento Henry Ford re-define el progreso como “poner la tecnología al alcance de todos” y da inicio a la era de los automóviles. Alimentada por los cuerpos fosilizados de los dinosaurios, la contrapción mecánica de Ford, el “T-Model”, se convirtió en lo más parecido al temible “T-Rex*” que el mundo ha visto jamás.
¡Y vaya que es temible! El automóvil está involucrado en al rededor del 35% de las muertes violentas en Costa Rica, superando incluso al hampa, el narcotráfico y la agresión familiar, quienes juntando esfuerzos asesinan apenas el 22% de las víctimas de los actos bélicos del año.
Al mismo tiempo, el automóvil es responsable de otras formas de violencia que pasan desapercibidas con mayor facilidad. La obstaculización al peatón por medio de la toma de las aceras para estacionamiento, las emanaciones de humo y gases tóxicos en las paradas de bus y espacios públicos, el ruido, el pitazo, o el simple hecho de hacer a una persona esperar bajo la lluvia para poder cruzar la calle. Son todas formas de violencia pasiva.
¿Y Que decir del tema ambiental? Las 25 horas de embotellamiento que transcurren cada semana solamente en la Gran Área Metropolitana, son responsables de apróximadamente un 60% de emisiones de dioxido de carbono adicional en la atmósfera. Atentando directamente contra la salud de toda la humanidad.
Al mismo tiempo, el automóvil es responsable de otras formas de violencia que pasan desapercibidas con mayor facilidad. La obstaculización al peatón por medio de la toma de las aceras para estacionamiento, las emanaciones de humo y gases tóxicos en las paradas de bus y espacios públicos, el ruido, el pitazo, o el simple hecho de hacer a una persona esperar bajo la lluvia para poder cruzar la calle. Son todas formas de violencia pasiva.
¿Y Que decir del tema ambiental? Las 25 horas de embotellamiento que transcurren cada semana solamente en la Gran Área Metropolitana, son responsables de apróximadamente un 60% de emisiones de dioxido de carbono adicional en la atmósfera. Atentando directamente contra la salud de toda la humanidad.
Es el “Quítate que voy” la desagradable y antimoral publicidad de Hyundai, convertida en un tiránico y retrógrada sistema político-automovilístico. En el, ya no todos somos iguales ante la ley, ni tenemos derecho a desplazarnos libremente por el territorio nacional.
¿Qué no es así?
Un ejemplo claro es la ruta 27. Es curioso ver que en toda la ruta no existe un solo rótulo informativo que aporte mayor cosa. Ni la entrada a Puntarenas, o ninguna otra cosa de utilidad para el conductor está señalada. Pero una tras otra, aparecen tachadas en un círculo rojo figurillas de peatones y ciclista demarcando que es prohibido circular por allí, a excepción -claro está- de esa marcada minoría de cierta edad, poder adquisitivo y estatus que ostentan un vehículo automotor.
¿Podríamos considerar esta práctica constitucional?
Es gracias a estos actos bélicos e inconstitucionales del día a día, que en 105 años transcurridos desde el inicio del “autoceno” fordiano, la sociedad retrocedió hasta llegar a la denigrante condición de los mamíferos del Cretáceo: Nos arrastramos por estrechas, rotas y malolientes aceras para mantenernos fuera del paso del “tyranusmovil-rex”.
Es vergonzoso, considerando todos estos hechos, que las iniciativas con las que nuestros políticos argumenten el progreso del país estén relacionadas a concesiones de autopistas o refinerías de petróleo. Y nuestra actitud como ciudadanos ante esto es mucho menos alentadora. Mientras nos ocupamos preguntándonos si va a bajar nuestro tiempo de conmutación o nuestra factura de hidrocarburos se nos olvida preguntarnos: ¿Cuan progresistas son estas iniciativas? ¿Cómo mejoran la integración de la sociedad y la productividad del país unos colones ahorrados en la factura del “gas”? ¿Y el medio ambiente?...
La verdad es que necesitamos que se extingan los dinosaurios una vez más para que nuestras sociedades vuelvan a tener la oportunidad de evolucionar.
Muchos países y ciudades del mundo se han unido ya a la lucha por expulsar los automóviles de su territorio. Bogotá, Medellín, Quito y Curitiba, son ciudades latinoamericanas que han tenido exito en la implementación de transportes masivos y alternativos para desestimular el uso del automóvil y gracias a esto han alcanzado altos niveles de competitividad. Otras como Guatemala y México D.F. se han unido a la lucha y comienzan a dar pasos importantes para mitigar el uso del carro.
Puede parecer imposible, pero durante 5000 años nuestras ciudades fueron cada vez más limpias, saludables, competitivas y hermosas. No existían autos y las personas aún así se desplazaban libremente por el territorio. Mientras que en estos 105 años de automóvil no hemos hecho nada más que quejarnos del daño que este nos ha causado.
Tal vez, si invertimos más en la planificación de ciudades que nos hagan libres en lugar de carreteras y refinerías que nos hagan esclavos podríamos volver a darle rumbo al progreso y tener esperanzas de trascender las barreras del tiempo.
Mientras tanto solamente podemos rodar por la pista de la desigualdad, al exasperante ritmo del tráfico con destino a nuestra propia extinción.
Mientras tanto solamente podemos rodar por la pista de la desigualdad, al exasperante ritmo del tráfico con destino a nuestra propia extinción.
T-Rex: Acrónimo del extinto: “Tyranosaurus-Rex” (Rey Lagarto Tirano) popularizado en la película “Jurassic Park” de 1993, dirigida por Steven Spielberg y basada en la novela de Michael Crichton.
T-Model: Modelo insignia de la Ford Motors de 1908, en su fabricación se introduce el concepto de la producción en serie "Fordista" para abaratar los costos de la fabricación de automóviles y otros productos.

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