¿GAM o no GAM?... ¡Esa es la cuestión!



Las ciudades son estructuras sociales complejas que se establecen sobre el territorio. Están compuestas de una gran variedad de fuerzas vivas que colaboran y luchan por sobrevivir y crecer. Para muchos expertos, como Gonzalo Ramírez, presidente de FEMETRON y vicealcalde del cantón de San José, por sobre cualquiera de estas fuerzas vivas está el “capital”.

El “capital” es la razón de ser de nuestra economía capitalista y ha sido el principal precursor de la transformación de las ciudades agrícolas costarricenses de finales del siglo XIX en la Gran Área Metropolitana del Siglo XX.


Sin embargo, “La GAM”, nuestra “ciudad” desde 1982, suele ser relacionado con estructuras ineficientes, caminos congestionados, contaminación, mal olor, estrés y otras características que hablan de una pobre calidad de vida y dificultan creer que los ticos seamos "los más felices del mundo".


Si “el capital” es una fuerza que históricamente ha liderado el progreso social y está detrás de la instauración del GAM. ¿Qué fue lo que hizo que San José -la tercera ciudad del mundo en tener luz eléctrica- pasara de ser descrita en 1858 como “limpia y clara” por el periodista Thomas Meagher, a “destrozada y con olor a trasero” por la irreverente cadena televisiva MTV en el 2010?

Fuente :  http://www.youtube.com/watch?v=u0hXWmjkkDk
  http://www.89decibeles.com/columnas/moralejas/como-se-nos-perdio-san-jose (Muy bueno.)

En su libro “La Revolución Urbana” el economista, consultor internacional y escritor Jebb Brugmann habla de cuatro “elementos” de la economía urbana capitalista que dictan pautas a las fuerzas vivas de las ciudades para lograr dinamismo y sostenibilidad económica. La relación entre estos “elementos” de las ciudades “altamente competitivas” sugiere que el escenario de la GAM podría no solo ser el plato de Petri de adjetivos negativos para la ciudad, sino también, el principal enemigo del capital costarricense.

El primer elemento del que nos habla Brugmann es la densidad, la cantidad de personas congregadas en un espacio específico. Parece un concepto simple, pero su incidencia en la competitividad es subestimada. La densidad es el elemento básico de la competitividad de una ciudad y es determinante en la eficiencia de cualquier negocio en el mercado urbano.

 La densidad y el segundo elemento del cual nos habla Brugmann -la escala-  conforman el tercer elemento indispensable para mejorar la competitividad de cualquier ciudad: La asociación.

Cada persona dentro de una ciudad determinada representa al menos una oportunidad de formalizar alguna asociación económica con otra. La escala de esta ciudad será el factor que multiplicará las posibilidades de encontrar socios, clientes, o de simplemente propiciar un mayor volumen de asociaciones económicas simultáneas dentro de la misma área.

Para Brugmann, las economías de densidad, escala y asociación, se complementan y  proveen la rentabilidad y el capital humano para extenderse a mercados ajenos a la ciudad en cuestión. Esta extensión es el cuarto y último elemento de las ciudades altamente competitivas;  ciudades que por su eficiencia han entrado a competir a nivel global. A las diferentes combinaciones de los cuatro elementos, Brugmann les llama “estrategia urbana” y los considera uno de los pilares de la globalización, la última frontera del capitalismo.

¡Pero cuidado!


Cada uno de los elementos debe procurarse dentro de una estrategia planificada rigurosamente para que los números cierren. La infraestructura que requiere una ciudad de gran escala para promover una asociación competitiva es costosa y solamente puede ser sustentable mediante una adecuada relación entre densidad y escala. El noruego G. Schiller considera que una densidad menor a cuarenta viviendas por hectárea, aumenta exponencial e insosteniblemente los costos del mantenimiento de la infraestructura de una ciudad. 


Es en esta relación que el concepto “Gran Área Metropolitana” es débil. La GAM tiene una escala mayor a la de casi todas las grandes ciudades del mundo, pero su población es entre tres y seis veces menor a todas las ciudades de una escala semejante, dando como resultado una densidad sumamente baja en la mayoría de sus cantones.







< El diagrama muestra a la izquierda una serie de áreas metropolitanas a escala en proporción a su población representada por un circulo a la derecha.













Alajuela por ejemplo, es uno de los cantones con menor densidad del GAM, presenta solamente 1.83 viviendas habitadas por hectárea, Santa Ana tiene 2.3, viviendas por hectárea, Escazú 4.8; sin embargo, la inversión en infraestructura inmobiliaria en estas zonas está robando densidad a los núcleos urbanos históricos, ricos en infraestructura urbana. Esto es solamente la punta del iceberg, el desarrollo inmobiliario también amenaza zonas comprometidas ambientalmente. La Unión, Vázquez de Coronado, Paraíso y los cantones ubicados en las montañas de Heredia también atraen población hacia zonas que requerirán de nuevas infraestructuras que serán utilizadas por unos pocos, pero deberán ser financiadas por todos los costarricenses. 

La baja densindad y la gran escala del sistema no solo hacen insostenible el mantenimiento de la infraestructura, también redundan en un territorio disperso, inaccesible y que demanda extensas conmutaciones entre trabajo y vivienda. Si a esto se le suma una infraestructura de transporte incapaz de pagar su propio costo se obtiene un sistema al borde del colapso. 

En Costa Rica, según el reporte “Consumos Energéticos y Sector Transporte en Costa Rica” del MSc. Ing. Ronald Flores el 44,3% de la energía del país se invierte en desplazamientos, mientras solamente el 31.9% se utiliza en actividades productivas, como agricultura, industria, comercio y servicios. El 56% de toda la energía que se consume en el país  proviene de la quema de hidrocarburos, un recurso ajeno al país y de altísimo costo en el mercado global. Anualmente en Costa Rica pierde más de 460 milones de dólares en la compra de petróleo y sus derivados. Esto representa una tercera parte de lo que produce el sector "turísmo" o cien millones de dólares más de lo que producen industrias tecnológicas limpias como la fabricación de microprocesadores. El costo aumenta cada año.



  Fuente: http://linternasdepapel.blogspot.com/2013/07/consumos-energeticos-y-sector.html


 Los altos costos de desplazamiento que impone la estrategia urbana del GAM limitan el volumen de asociaciones económicas entre el sector primario, secundario y los consumidores, dejando casi como única opción rentable el consumo y distribución de productos de importación. Esto fomenta la llegada de comercios de origen extranjero (supermercados, centros comerciales, "food courts" y mega-tiendas departamentales) que han venido a reemplazar los comercios locales, pulperías, sodas, restaurantes y profesiones técnicas como sastres, zapateros y talabarteros artesanales; reduciendo enormemente las oportunidades que tienen la clase media y el sector agro de entrar en mercados de asociación con el consumidor directo. 

Mientras tanto, la división costarricense de "Wall-Mart", empresa reconocida a nivel mundial por sus prácticas de explotación, compra a los agricultores locales sus productos a precios sumamente bajos para poder reducir costos operativos. Con esto, logra mantener precios lo suficientemente accesibles, como para acaparar el mercado nacional y exportar las divisas del sector primario interno; reditando muy pocos beneficios para la economía nacional. 



Las ferias del agricultor son un espacio importante para fomentar mercados de asociación en el sector primario, sin embargo, su logística complica el tránsito por la ciudad aún más y su carácter intermitente genera inestabilidad para los productores, Por lo que muchos quedan limitados a las demandas de los "super-mercados".





Entendiendo el gran obstáculo que la gran escala de nuesta área metropolitana representa para los mercados internos y su consecuente extensión a nivel global, es ilógico que  discusiones sobre si la GAM debe o no crecer sigan en pie.  Desde la perspectiva meramente económica es claro que la GAM no debería crecer un milímetro más, todo lo contrario, se deberían tomar iniciativas para reducir su escala y lograr una densidad que mejore la estrategia urbana de la región. 

Los proyectos que han intentado actualizar el Plan Nacional de Desarrollo Urbano para la Gran Área Metropolitana de 1982 (Plan GAM 82) han obviado lo más importante.

¿Para qué necesitamos esta "Gran Área" que tiene tan poco de "Metropolitana"?

 Prugam y Potgam en ningún momento se hicieron esa pregunta y apostaron por fortalecer un  modelo urbano económicamente deficiente y posiblemente destinado al fracaso. Hablar de “actualización GAM” independientemente del prefijo que se le aplique no es más que oficializar la secuela de la problemática.  El problema de estos planes de ordenamiento territorial está en el sufijo, no en el prefijo.

Por su parte, el estancamiento en la discusión, planificación e inversión en la GAM, en ausencia de un Plan Nacional de Desarrollo Urbano (PNDU) ha venido a remarcar con los años la desigualdad  entre la GAM y las demás regiones  urbanas del país.

La proyección y el fortalecimiento de un Sistema Nacional de Pequeñas Áreas Metropolitanas (PAM’s) especializadas en potenciar las economías regionales sería una opción más racional. Debería enfocarse en la reducción de la escala de nuestras ciudades, fomentando una densidad sana, fortaleciendo los mercados de asociación y otorgándole a las regiones la posibilidad de conformar diferentes mercados de extensión, tanto  nacional como internacional. Esto presentaría muchísimas ventajas a la competitividad del país. 

                       Ciudades como Quesada, Limón, Puntarenas, San Isidro del General y Liberia han sido piezas muy importantes del motor de la economía nacional, pero no han contado con un  apoyo monetario o el interés político correspondiente al aporte que hacen al país. Convertirlas en PAMs podría ser la clave para re-ubicar población actualmente ubicada en zonas de riesgo, interés natural o agropecuario en ciudades fácilmente transitables a pie, bicicleta o transporte público. Esta mayor accesibilidad a empleos, servicios, educación y salud estimularía la asociación entre individuos con diversas especializaciones  y por ende explotaría al máximo el excelente recurso humano del país.  Abonado a esto, la reducción en el consumo de hidrocarburos dentro de las ciudades se traduciría, no solo en un significativo ahorro en la importación de crudo,  sino también en una mejor calidad de hábitat en todo el país, atrayendo inversión extranjera y capital humano.

En torno a cada ciudad se podrían conformar eficientes zonas industriales y agropecuarias, estas funcionarían de “colchón” separador entre zonas eco-turísticas y de conservación y las pequeñas ciudades. Esta práctica no solamente fortalecería enormemente el acceso y atractivo del sector turismo, si no que a la vez facilitaría el acceso del agricultor al mercado local y a diversos nexos portuarios y aeroportuarios en las ciudades para extender sus actividades en una red global de ciudades.

Mientras Costa Rica no llegue a entender el ordenamiento territorial como sistema estrechamente ligado al desarrollo socio-económico nacional y se limite a la confección de planes reguladores aislados para formalizar ciudades de baja densidad, será cada día más difícil hablar sobre este tema.  Mientras tanto vale preguntarnos:

¿Cuál es la ciudad que queremos? ¿Cuál  necesitamos?  

¿GAM o no GAM? Esa es la cuestión…


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