La eficiencia y el
desarrollo, como meta son uno de los grandes dogmas de cualquier organización, incluidas
las ciudades. Pero sin el adecuado calibre son una peligrosa arma de doble
filo.
El bullicio de las calles, el
congestionamiento de las vías, la saturación majadera de la propaganda en el
paisaje, y el acelerado ritmo de vida suelen sacar de quicio a más de un fulano.
Y es que es muy común escuchar a políticos, ingenieros industriales, agentes de
bienes raíces, o simples entusiastas de lo bucólico decirlo:
“La ciudad no es eficiente”
Sin embargo tampoco lo son
otras ciudades del mundo que progresan a ritmos superiores a algunas ciudades latinoamericanas.
¿Cuál es la diferencia?
México Distrito Federal no es la ciudad más eficiente de América Latina, pero si una de las más competitivas.
Jane Jacobs, autora del líbro
“La economía de las ciudades” compara la ciudad de Manchester, de mediados de
1800, con la ciudad de Birmingham, de la misma época.
Marx, Engels, Disraeli y
otros contemporáneos, veían en Manchester un futuro brillante debido a la
altísima eficiencia que había alcanzado para la década de los 1850 en la
producción de textiles. Mientras tanto, Birmingham parecía otra ciudad del
montón, con un delicado agravante: Birmingham se resistía a la eficiencia de la
industrialización mediante la alianza y la organización de los obstinados
gremios artesanales que insistían en mantener una producción diversificada, no industrializada
y de baja escala. En otras palabras:
-Manchester se enfocó
totalmente en la eficiencia de la producción de un bien exclusivo.
-Birmingham se enfocó en la
diversidad de soluciones, a los diversos problemas, de los diversos ciudadanos.
Para 1928, en Oldham y Bolton
se había también aprendido a elaborar tejidos con gran eficiencia, lo cual
supuso para Manchester una enorme pérdida de mercados y el estancamiento
rotundo de su economía.
En Birmingham por el contrario, la Real Fuerza Aérea Británica
contrataba a pequeños artesanos industriales especializados para desarrollar el
primer motor de propulsión a chorro de la historia.
Mientras el discurso latinoamericano de progreso económico aún tiene su centro de gravedad en la eficiencia como
factor crítico, se ha alejado considerablemente del desarrollo de mercados
alternativos, y ha perdido la capacidad para garantizar la eficiencia que
persigue.
¿Por qué?
En la actualidad -a
diferencia del período emprendedor de los 40- existe cierto temor en la academia,
el estado y la empresa privada a la
ineficiencia de los procesos de prueba y error que demanda la diversificación
de mercados.
El Estado de los 40’s, 50’s
60’s y 70’s en Costa Rica, se destacaba por la facilidad que tenía para crear diferentes
empresas orientadas a solucionar de forma autónoma diversas demandas del
mercado nacional. El brote de distintitas divisiones de labor, rápidamente
generó un desarrollo fomentado en lo que se conoce como emprendedurismo
derivado. Técnicos y operadores calificados, se separaban de sus empresas madre
y originaban productos y servicios complementarios que diversificaban el
mercado, y ampliaban los horizontes de la oferta laboral.
La política económica actual
por el contrario, se enfoca en la importación
de empresas y capital extranjero. Esta política en efecto demanda un alto nivel
de eficiencia productivo. Sería lógico pensar que el arribo de nuevas divisiones de labor
generaría nuevas actividades económicas complementarias, y que estas a su vez
terminarían por convertirse en nuevas divisiones de labor dentro de la oferta
local.
Sin embargo, el esquema de
las mega-industrias como Intel o Bank of América, ve en el empredurismo
derivado competencias, y en el
desarrollo de productos y servicios alternativos pérdida de la eficiencia que ellas
demandan. Sus productos y servicios están protegidos por una muralla legal infranqueable
de patentes y garantías. Además, estas empresas suplen desde sus necesidades de
transporte, hasta la alimentación de sus empleados mediante rígidos procesos
enfocados a la eficiencia. Sus laboratorios y oficinas de desarrollo, se
encuentran en instalaciones de máxima seguridad para garantizar que los beneficios de la
diversificación de mercados permanezcan dentro de sus empresas.
Los medios, la academia y el
estado han ejercido una influencia fuerte en la preparación de técnicos y
profesionales nacionales, quienes han adoptado como aspiración colectiva la
idea de trabajar en una trans-nacional de prestigio y ser asalariados. Abonado
a la inexistencia actual de una banca de desarrollo real, hoy en día parece no
haber espacio en Costa Rica para el emprededurismo, o el desarrollo de mercados
nacionales alternativos y tanto la empresa pública como privada están enfocados
en la eficiencia de los mercados que conocen. El anquilosamiento de las
empresas públicas y privadas que ha traído este esquema, se ve reflejado en la
vida urbana del costarricense.
Un ejemplo claro es la
vialidad. Sacando de la ecuación el fenómeno de la corrupción, tanto las
empresas estatales como privadas se han vuelto relativamente eficientes en la
construcción y desarrollo de carreteras y autopistas. Sin embargo, poco se ha
avanzado en el desarrollo de transportes alternativos como líneas férreas, buses de tránsito rápido, ciclo vías, o
aceras, ya que cualquier esfuerzo en diseño, o planteamiento alternativo,
terminaría socavando recursos para garantizar la eficiencia de una solución que
bien podría considerarse obsoleta.
Otro ejemplo claro es el
desarrollo de vivienda. Tanto las empresas privadas como las estatales, son
sumamente eficientes en el desarrollo de “urbanizaciones” y tienen un enorme vacío
conceptual en torno al tema de vivienda colectiva y vertical, edificaciones de
uso mixto y vivienda social de alquiler. Mientras tanto, la eficiencia los ha
llevado a ejecutar una serie de equivocaciones repetitivas en obras que poco
vienen a solucionar los déficit a los que se enfrentan las ciudades del país.
El desarrollo de espacios
comerciales también se ha vuelto muy eficiente en torno al desarrollo de “Malls”
y “Supermercados”. Los cuales realmente son muy eficientes en cuanto a ventas,
pero son rápidos en acaparar mercados , en quebrar el trabajo del productor nacional
y en debilitar la clase media emprendedora.
Lo más peligroso de esta
política económica, es la manera en que cada vez más el país se vuelve
dependiente de la inversión, producción y distribución extranjera para funcionar.
La ciudad producto de estas prácticas empresariales de: urbanizaciones, malls y
carreteras pierde a pasos agigantados su identidad, y se vuelve cada vez menos accesible
y sostenible, más segregada y poco competitiva.
Una ciudad en la cual el
emprendedurismo y la diversificación de los mercados no se estimulan, podría
llegar a conocer muchísimo de eficiencia, pero el desarrollo no sería parte de
su agenda a largo plazo. El desarrollo de alternativas al transporte, la recreación y la vivienda, le valió a Medellín -despúes de varios años de ser la ciudad de los carteles- el título de “La ciudad más innovadora” del mundo, y la más competitiva de América Latina. También fue la sede del Foro Urbano Mundial 2014.
Afortunadamente, aún tenemos -al menos- muchos problemas e ineficiencias que pueden ser resueltos mediante ideas originales
y la diversificación de productos y servicios urbanos.
¿Consideras que las políticas
económicas y urbanas del país ameritan un cambio radical? ¡Déjanoslo saber en los
comentarios! Y como siempre, gracias por leer ORBE|URBE.

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